AdvertenciasOrientacionesDescripciones |
Dolly Muhr: "Onetti era perezoso, pero sobre todo indagador, por eso no dejó de escribir ni de leer"Marta Caballero Hay una botella de vino descorchada en un salón con paredes de papel estampado, en una fotografía de color setentero. En el centro de la imagen, un Cortázar risueño atiende a un ejemplar recién regalado por Juan Carlos Onetti, también presente. Las otras dos invitadas a la cena son Carol Dunlop y Dolly Muhr, esposa del escritor uruguayo. Emocionada, y cansada con tanto ajetreo, esta mujer de la foto, aún de alta presencia, afronta, hoy ya mayor, los actos que van a festejar el centenario del nacimiento de su marido. Una catarata de compromisos y un precio que paga con gusto por haber sido la compañera de Juan Carlos Onetti, efecto que también lleva a gala. “¿Cómo no? Era el hombre más maravilloso del mundo”, sentencia. Este martes, entre amigos, acudió a la inauguración de una muestra de fotografías, dibujos, libros y vídeos dedicada al escritor en la librería Centro de Arte Moderno, donde recordó, en el difícil trance que siempre es para ella el regreso a Madrid, algunas anécdotas del autor de Juntacadáveres. Allí, en una pequeña sala, las otras estelas de Onetti, más allá de sus obras, pueden contemplarse: desde su amor por la novela negra al Cervantes, de los encuentros con los amigos, a Dolly. PREGUNTA.- ¿Cómo relee su viuda a Onetti? P.- Es sabida la devoción que usted tenía por su marido. Tras escribir un libro sobre mujeres de escritores, en el que conversó con usted, José Tcherkaski llegó a decir que ojalá a él le tocasen 10 minutos del amor que usted sentía por Onetti... P.- En contra de lo que se piensa y del poso de pesimismo y frustración que tiene su obra, usted siempre define a su marido como un hombre curioso, que nunca perdió el interés por la vida. ¿Le molesta que se hable de él como alguien que, llegado el momento, decidió meterse en la cama durante 14 años? P.- Al hilo de lo que dice, de este ímpetu creador de Onetti, decía él que para ser creativo no había que olvidar la infancia. ¿Trasladaba la suya al presente con frecuencia? P.- Volviendo a lo de antes, al hábito horizontal de Juan, él mismo llegaba a hacer casi una apología de la pereza, ¿Cómo se lleva eso en un matrimonio? P.- Ahora que se celebra el centenario de su nacimiento, ¿Cree que la obra de su marido es atemporal? P.- ¿Para qué sirven realmente todos estos homenajes? P.- Pasa unos meses al año en Madrid en la casa que ambos tenían en la Avenida de América y en la que ha conservado, y le cito, “un pequeño Montevideo”. ¿Es difícil el regreso? P.- ¿Querría contar alguna anécdota con la que se quede de él? Ríe y no la viuda de Onetti recordando a la perra que es parte ya de la literatura. Cuando su marido ya no se levantaba, decía que era para que no le mordiera la Biche, animal que, desvela la sonrisa de su dueña, era una coartada para el genial escritor que de niño leía en un armario acompañado de una linterna y de viejo volvió a enclaustrarse para leer. La Biche, que dicen los que la conocieron, fulminaba cualquier rasgo de la característica hosquedad de Onetti. Superada la anécdota, vuelve Dolly a la emoción y la añoranza. P.- ¿Qué es lo que más echa en falta? |
IdiomasLoginBuscarRastrearRSS / Marcadores dinámicos |