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Sobre Onetti: Autores A – ZEl último Onetti, o el deber absurdo y sagrado de escribir hasta el finalTeodosio Fernández En Dejemos hablar al viento (1979) parecía haber llegado el final para Santa María, la ciudad que Brausen imaginó en La vida breve (1950) para terminar refugiándose en ella, destruida por la voluntad purificadora del comisario Medina con la colaboración de la manía incendiaria del Colorado, a quien los lectores de Juan Carlos Onetti conocían ya desde «La casa en la arena» (1949). El recuerdo de ese final daba un sentido preciso a la afirmación de que «todo estaba muerto, incinerado y perdido sobre el río, sobre la nada», atribuida en el relato «Presencia» (1978) a Jorge Malabia, exiliado como Onetti en Madrid y empeñado en seguir los pasos imaginarios de María José Lemos, una estudiante detenida y luego «desaparecida» bajo la represión militar que por entonces dominaba el cono sur de América. |
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