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¿Xenofobias a mí?Juan Carlos Onetti Así como alguien dijo que consideraba perteneciente a la canalla a todo el que pensaba bajamente, voy a declarar hoy perteneciente al tipo de “hombre de la calle” al que no piensa de manera enana ni de manera himaláyica, ni de manera de regalar estatura. Esto se aclara para evitar confusiones y líos; ahora todo el que siga optará por callarse la boca, considerándose fuera de fronteras del término. Y hará bien, ya que mis lectores son en teoría, “todos ellos, accionistas del trust de los cerebros”. Hecha la aclaración, vengo a declarar que el hombre de la calle no acierta conmigo. Se me objetará que maldito lo que al citado hombre le importa tal desacierto. De acuerdo: pero me importaría a mí que a él le importara. Lo grave es que a mi me importa y que cada día se me hace más urgente un viejo y reiterado sueño en el que me veo recorriendo la ciudad dentro de un carro blindado con torrecilla de ametralladoras. Porque cuando el hombre de la calle cree que sabe algo de algo, es fatal que rumbee en una de dos actitudes. Puede ser que tenga un exceso de energías y se dedique a hablar del asunto a cuanto bicho con orejas se le ponga a tiro. En este caso es terrible y no tiene piedad por nadie. Llega a pagar para que lo escuchen, con lo que queda todo dicho y con lo que paso a la segunda modalidad del sub hombre referido., La que cosiste en un severo amor por la síntesis. En esto se parece a Sancho y hace bien en parecerse. Pero los refranes de Pancho tenían gracia y perfume, como que los había dicho un pueblo… El hombre de la calle de tipo sintético tiene su frase para cualquier tema. La guerra, la muerte, el amor, las quinielas, el verano, el sobretodo. No quiero calumniar a nadie; pero creo que las frases-síntesis del hombre de la rúa han tenido, en el noventa por ciento de los casos, un origen periodístico. Sería imposible estudiar todas las clases de frasesitas que andan en los ómnibus y caen solemnes en las oficinas públicas y en el seno de honestos hogares. Por eso quiero limitarme hoy a un tipo de frase-resumen que ya me tiene completamente afiebrado. Se trata del amor proverbial de nuestros compatriotas hombres de la calle por los extranjeros. Todos sabemos como se expresa dicho fraternal cariño… Entre las trabajadas joyas que ha burilado el hombre de la calle para resumir largos años de reflexión, voy a escoger dos o tres, cuatro o cinco, llenas de originalidad y diferenciadas por sutiles matices: Judío y basta. Francés y basta. Napolitano y basta. Gallego y basta. Alemán y basta. Argentino y basta. Y basta. Estas frases sirven admirablemente y todos los días al hombre para dejar establecidas las superioridades del genio de la nacionalidad sobre toda clase de competidores. No hay, claro, una regla inflexible para la aplicación de las apuntadas frases. La filosofía del hombre de la calle es viva y como tal cambiante. Pero pueden encajar en los siguientes e hipotéticos casos. Si se tiene noticias de que un comerciante judío vende a diez lo que costó cinco, puede emplearse la frase nº 1. Si un súbdito de Vichy o De Gaulle es de natural mariposón, la segunda viene de perlas. Si se sabe de un napolitano poco generoso, la tercera. La cuarta se usa en muy variados casos, ya que por algo la Madre Patria es Madre. Generalmente, para los ejemplos de poca agilidad mental: y hago constar que para el hombre de la calle es tan gallego el que nació en santiago de Compostela como en Madrid o en las Canarias. La frase nº 5 es de empleo corriente para algún alemán que cometa algún acto de salvajismo. Aunque de unos años a esta parte cualquier cosa mala puede ser germanizada sin preocupaciones. Y para terminar, si usted conoce algún hermano argentino que sea ventajero para jugar o vanidoso en exceso, ya lo puede rematar con la frase número seis por más discursos de confraternidad que se hayan pronunciado o que se proyecten. ¿De acuerdo, verdad? Pero ahora viene lo bravo. Deje por un momentito lo que está haciendo y mire alrededor. Se encontrará por paladas, nietos de Juan Moreira, más criollos que el tala, que compran a cinco y venden a veinte, que mariposean, que prefieren perder la familia y no un peso, que son más brutos que un par de botas, que realizan toda clase de brutalidades, que juegan y viven con trampa y que no revientan de vanidad porque tienen el cuero flexible. ¿De acuerdo otra vez? No, no es necesario dar nombres ni señas personales. ¿Qué puede deducirse de esto? Algo muy simple y que devolverá el alma al cuerpo. Debe deducirse que el uruguayo es, a su vez, un hombre síntesis, un ente-resumen, que compendia todas las cualidades del resto de la humanidad y que ya, casi llega a ser el arquetipo del bípedo desplumado. Y, ya sobre la hora, me apunto por lo menos un tanto que -por lo menos ése- nadie irá a discutírmelo a la Liga. Por que en cuanto a lo desplumado, todos estamos de acuerdo, yo, tú, él y el hombre de la calle. |
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